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LAS CONFESIONES DE SARA BRAUN.

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El reflejo de mi cuerpo se veía a través del espejo. Sentada frente a la ventana semi desnuda, con una venda en los ojos. El visillo me acariciaba con cada embestida de aire de la calle. Cada vez que me rozaba la piel, un estímulo recorría mi médula. Me sentía como una bailarina de ballet, haciendo piruetas imaginarias.  Sentí un leve calor en mi nuca y algo tierno me rozó, fueron sus labios con un sedoso beso. Después sus manos, acercándose peligrosamente a mis nalgas... Sentí su olor y acaricié su pelo. Bajé por el cuello de su camisa, desabrochando cada botón, hasta notar su pecho desnudo. Apoyé mi cara en él sintiendo el latido de su corazón. Nada podía frenar ese deseo contenido que se respiraba. El silencio acentuaba el sonido de sus labios en mi piel. Y por fin me liberó de la venda, pude ver sus ojos, llenos de deseo, su sonrisa a medias. Su piel morena. Me cogió de las manos para que me levantara de la silla y me cogió en brazos dejándome caer suavemente sobre la cama. ...

TU PINCEL.

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Tu pincel... siempre recogiendo, aromas de unas flores marchitas, gotas llovidas de enero, miradas furtivas, polvo de arena del desierto. Colores suaves de arcoiris, pétalos caídos en el suelo, sonrisas que vuelan como pájaros, lágrimas de desconsuelo. Tu pincel entiende de eso y sabe plasmar con caricias, los colores sobre el lienzo. Y tú, la mano que lo sostiene, hábida en recoger miradas, miradas de pensamientos lejanos, sonidos de risas en el viento, besos de enamorados. El calor de tus cuadros, emana del mismo infierno, donde el fruto de un amor temprano, derramó todo su condimento. Y ahora expones melodías, recogidas en un lienzo, pintadas con el sonido, de un corazón hambriento.

OLOR A OLVIDO.

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Ya no sé si me conformo, con que tus labios no sean exclusivos, que tu mirada se pierda en otras curvas, que tus manos traigan olor a olvido. Ya no sé si lo que quiero es estar a tu lado, sabiendo que lo nuestro es pecado, no lo sé... Pero lo que si sé,  es que no habrá noche a solas contigo, ni tampoco, ningún amanecer y por eso me cuesta tanto entender... Como son las noches a su lado, que sientes cuando mi cuerpo no ves, dime si en mi has pensado, dime si me quiere volver a ver.

Montserrat García Pino

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Montserrat García Pino, poeta y escritora española. Montserrat García Pino, nace en Sabadell en febrero de 1966. A los 10 años de edad, se traslada con sus padres a un pequeño pueblo vinícola en el Penedés, donde aún reside. Cursa sus estudios en Olivella, pequeña población del Garraf y seguidamente en Vilafranca del Penedés. En junio de 1995 se casa con Rafael y tiene dos hijos. Alicia nacida en el 1999 y António nacido en 2003. En la época en que sus hijos eran pequeños, llegó a escribir varios cuentos infantiles, reflejo de sus sueños. Su afición por el misterio paranormal la llevó a escribir su primera novela, "La cajita de música", publicada en diciembre del 2019. Desde el comienzo de su novela, fue creando pequeños poemas, que recopiló en su primer poemario, "Plumas en el corazón" que vio la luz a través de ediciones Ende, en junio del 2016. Medio año más tarde, ya tenía preparado su segundo poemario, "Heridas de pasión", publicado con Terra Ignota E...

La cajita de música

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Entre mis más de 600 poemas, se ha ido formando mi primera novela de misterio paranormal. Y ya está a la venta en Amazón. Y si la quieres dedicada, deja un comentario y te explico cómo hacerlo.

Biografía de autor en el corte inglés

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Hoy desperté...

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Hoy desperté borracha de sentimientos y no estabas a mi lado, me calcé de frío y salí a ver el otoño. Sus ramas de hojas marronadas, su frío al respirar, su camino de escarcha. Pisé segura el horizonte, que dibujaba un nuevo día, de rosas anaranjado y subí a la cima. Allí miré lo minúsculo que era el mundo. Te vi, aunque tú no me veías. Será porque nunca me miraste. Dibujé mi mejor sonrisa a pesar de la melancolía y me sentí brillante como una estrella. Baje casi rodando, por el camino que descendía. Y me mezclé entre la gente. Hablaban de cosas banales, será porque ya nada me importa. Compré unas flores en el mercado y pedí que me las enviaran con una nota. Y es que hoy desperté ebria y no estabas. Quizás deba volver a mis sueños, porque ahí te tenía.